miércoles, 1 de abril de 2009

Amor Perdurable

Una tarde que iba por la calle vi en un taller mecánico un par de hermosos y jovenes Husky Siberiano atados a la reja, me extrañó porque esos animales son muy sensibles al calor y ahí estaban casi al sol y sin agua a la vista, por un momento pensé en seguir mi camino, pero algo hizo que me detuviese a hablar con el dueño, y en la conversación surgió el tema de los perros y me dijo que los tenía así porque los vehiculos entraban y salían poniendolos en riesgo si los dejaba sueltos, le comenté que era veterinaria y que en mi casa acaba de construir unos caniles para recibir perritos en guarderia cuando los dueños viajaban.
Unos dias despues me llamó y me contó que los perros sueltos en el taller, por la noche habían destrozado tapicerias de varios vehiculos y pregunto si los aceptaría mientras les buscaba un hogar ya que se estaba separando de la sra. y ella no los quería y él no tenía espacio. Le dije que sí, aprovechando que mis padres estaban ausentes trabajando en el interior del país.
Me los trajo, eran un macho color champagne y caoba y unos ojazos azules de casi un año, llamado Bruce de Sanmandhu y una hembra de color gris y zonas mas claras, con hermosos y tiernos ojos de color avellana, de un año de edad, llamada Haska.
No fue nada fácil al inicio, pues no estaban acostumbrados a estar confinados y aullaban muchisimo, así que para darles mas libertad les improvisé unas cuerdas que tendidas entre dos árboles, con las cadenas sujetas a la cuerdas les permitian deslizarse a lo largo de ellas, sin enredarse entre ellos pero juntos. Fue una medida provisoria pues cuando vinieron mis padres, la opinión general fue la de permitirles estar libres en todo el patio y mantener nuestros perritos hacia el jardín delantero y dentro de la casa, y pronto fueron la felicidad hecha perro corriendo a sus anchas, sobre todo a la noche, porque en conducta eran mas bien felinos que caninos, durante el dia dormían en el lugar mas fresco que encontraran y por la noche se dedicaban a recorrer sin parar.
Tenían una costumbre que me costó mucho sacársela, si extendía la ropa a secar, en cualquier momento la bajaban del tendedero para jugar a tironearsela y claro la rompian por todos lados, por suerte con fino instinto solo elegían mi ropa, que si hubiese sido de mi papá, la historia seria distinta. Asi que después de regañarlos y conseguir que me miraran con una socarrona sonrisa como respuesta, intenté algo distinto, elevé los alambres, pues saltaron mas alto, todo parecia juego de ingenio hasta que se me ocurrió colgar de los alambres, varias latas todas juntas atadas en los extremos de los alambres y en su mitad, cuando tocaban las ropas las latas hacian ruido y ellos abandonaban el juego.
Habian pasado dos meses, el dueño venía cada 15 dias a verlos y jugar un momento con ellos, hasta que una tarde me llama y me dice que no habia encontrado ningun lugar para tenerlos y que me los regalaba porque no sabía que hacer. Me asusté, le dije que yo tenia en ese momento 5 perros y dos más eran demasiados. Y cuando me dijo que no me preocupara que el pasaba a retirarlos y que en todo caso los dejaría libres en la calle para que ellos se buscaran su camino, sin consultarlo con mis padres le dije que me los dejara.
Llame a mamá y le comente lo sucedido, y me dijo que estaba bien, que no podiamos abandonarlos asi.
Asi que se quedaron amos del patio trasero, claro que nunca mas pude recibir otro perro para guarderia, porque no permitian ningun intruso en su area.
Ellos formaron una pareja tan solida y tan bien avenida que formaban un estupendo equipo que cazaba eficientemente lo que tuviese la desgracia de caer en sus dominios. No lo hacian por maldad, sino por ese instinto tan ancestral de los lobos.
Mi Haska fue muy particular en su control de natalidad, quiza por el hecho de que teniamos tantos perros, ella tuvo dos camadas y aunque nunca intente evitar que tuviese mas, simplemente se negaba a Bruce todos los celos siguientes a la ultima camada.
Ella era sin dudas la jefa de la manada, ella decidia en que momento Bruce podia comer, si acorralaban a un gato en un arbol, ella establecia guardias para que vigilaran al felino si yo les ponia comida para distraerlos. Para salvarlo debia encerrarlos en el canil y luego proceder al salvataje del animalito de turno, no siempre lo lograba, lo que me entristecia y al principio me enfadaba con ellos, luego comprendi que no podia quererlos sin aceptar su naturaleza.
Siempre se mostraron mucho cariño y jugaban con alegria, parecia un matrimonio establecido, para mi lo eran.
Ella murio a los 16 con diabetes y paralisis de las piernas traseras, Bruce hizo un duelo tan prolongado permaneciendo en el sitio donde ella habia tenido sus cachorros que aunque le llevaba la comida y se la daba en la boca, cuando la aceptaba se veia en su mirada que lo hacia para no desdeñarme nada mas.
Llore tanto sentada junto a él, que una amiga me preparo unas gotas para la tristeza con flores de Bach, y las tomamos juntos.
Mi querido Bruce estaba a 3 semanas de cumplir 17 años cuando sufrio un acidente cerebro vascular y quedo paralizado del lado izquierdo del cuerpo y vi en su mirada un mudo pedido de auxilio, asi que lo dormi a mi hermoso y amado perro.
En mi Pais, se dice en el campo que cuando una mascota muere es porque alguien de la familia estaba destinado a morir y la mascota intercede ante Dios, ofreciendo su vida a cambio.
Yo pensaba que era un pensamiento bonito y hasta reconfortante, pero una semana despues de morir Bruce, mi madre sufrio un acv y cuando la ingresamos al hospital tenia paralizado todo el lado izquierdo del cuerpo. Coincidencia? el accidente cerebrovascular afecto la capacidad motriz y tambien sus capacidades sensoriales, ella no nos reconocia, apenas podia hablar y menos caminar.
No quiero disminuir el valor de que fue asistida muy rapidamente y que fue atendida por excelentes medicos, pero el pronostico aunque bueno, preveia una lenta recuperacion que requeriria asistencia profesional en la casa, sin embargo mi madre salia del hopital una semana luego de ser internada, caminando por si misma, con una leve torpeza al manejar la mano izquierda, pero conciente y hablando inteligiblemente. Ella se recupero del todo con una velocidad que asombro a su medico, y la secuela mas evidente del suceso fue que el ultimo recuerdo de ella era la muerte de Bruce, hasta recuperar la conciencia unos dias despues de ser internada.
Quiero creer que el ultimo acto de amor de mi perro fue ofrecer su vida a cambio de la de mi madre y me consuela pensar que nuestro amor a ellos no es en vano, aunque prefiero que ninguno ofrende la suya por la mia.
El verdadero amor no tiene limites y los animales nos lo demuestran cada dia.
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